Les_Très_Riches_Heures_du_duc_de_Berry_juillet_sheep_shearingSi tienes la suerte de trabajar en los tiempos que corren o si has trabajado o piensas trabajar para un tercero, te propongo un ejercicio. ¿Sabrías resumir en tres frases breves los objetivos de tu empresa? Si no sabes responder tengo buenas y malas noticias para ti. La buena noticia es que es normal, la mayoría de la gente que trabaja por cuenta ajena no sabe responder a esta pregunta y a muchos de ellos ni siquiera les importa. La mala es que te estás quedando desfasado. Permíteme que lo formule de otra manera: ¿Para quién trabajas? Raras veces le preguntamos esto a alguien y mucho menos si se trata de una persona a la que acabamos de conocer. Pero eso va a cambiar en el futuro. Y para entender el porqué viajaremos primero hasta la India.

Allí nació Amartya Sen, teórico de la economía del desarrollo. Sen, que fue galardonado con el Premio Nobel de Economía en 1998, define el desarrollo como la libertad para maximizar el potencial de los individuos de una sociedad. El capitalismo y el libre mercado han sido los sistemas económicos que nos han permitido alcanzar los mayores niveles de desarrollo, tal como lo concibe Sen, de nuestra historia. Sin embargo la posición de privilegio que han alcanzado las grandes empresas multinacionales a través de sus grupos de presión nos ha llevado a un estancamiento. La pobreza, el desempleo y la falta de oportunidades económicas son un obstáculo para el ejercicio de libertades fundamentales. Tenemos cada vez menos libertades y eso quiere decir que nuestro nivel de desarrollo es cada vez menor. Esto nos lleva a preguntarnos si no es el momento de encontrar un nuevo paradigma económico en el que el ciudadano de a pie se encuentre menos desprotegido y podamos volver a niveles de desarrollo más altos.

Por otra parte, vivimos en un mundo de recursos limitados. Y por tanto una economía basada en el crecimiento ilimitado es insostenible. Por eso el ecologismo, que en un principio nació como nueva disciplina económica, intenta adaptar el sistema capitalista imperante a los nuevos retos medioambientales.

En resumen, más sociedad y más medioambiente es lo que se le exigió a las democracias capitalistas a finales del siglo XX. Y la respuesta no se hizo esperar. Hoy, en muchos países, junto con los balances y cuentas de resultados, las empresas deben publicar informes de Responsabilidad Social Corporativa; y las leyes de protección medioambiental se han endurecido. No obstante,  la corrupción de los Estados y de los organismos internacionales, que cada vez tienen más poder sobre los primeros, convierte estas medidas en un simple maquillaje, un agua bautismal expiatoria para las grandes empresas. Y la realidad es que la sociedad y el medioambiente siguen desprotegidos. ¿Cómo han de afrontar las democracias modernas este nuevo reto?

Las revoluciones de la Primavera Árabe nos dan una pista de qué puede ser lo siguiente. Seguro que las redes sociales e internet, que han sido tan importantes para la desaparición de algunos de los regímenes totalitarios de los países del norte de África, tendrán algo que ver en la evolución de las democracias occidentales. Podemos ver los primeros ejemplos en plataformas como Change.org o iniciativas como el Blog Action Day. Necesitamos una mayor y más frecuente participación ciudadana para las decisiones políticas de calado, y nuevas fórmulas para aquellas que afectan a minorías o sectores vulnerables. Por ejemplo, mucha gente votaría a favor de la energía nuclear en su país, ¿pero cuántos elegirían construir una planta a escasos metros de su jardín? La democracia tal como la concebimos hoy día no aporta soluciones eficaces a este tipo de disyuntivas. Los ciudadanos japoneses de los alrededores de Fukushima tendrán la oportunidad participar en la elección de  sus representantes políticos una vez cada 3 años junto con el resto de la población del país, en cambio la industria nuclear mantiene un diálogo directo y constante con los dirigentes del país a través de sus lobbies. Es un sistema injusto que tarde o temprano tiene que cambiar.

El nuevo orden tendrá que ser más transparente, como propone el filósofo Henri Bergson en su modelo de Sociedad Abierta. Habrá cada vez menos cabida para la corrupción y en consecuencia también para aquellas empresas irresponsables que se nutren de sus relaciones fraudulentas con los gobiernos corruptos. Y eso nos lleva hasta el concepto de Capitalismo Comprometido (traducción libre de Conscious Capitalism) acuñado por el CEO de la cadena de supermercados norteamericanos Whole Foods, John Mackey. El Capitalismo Comprometido consiste en que los empresarios dirijan sus empresas hacia un propósito noble. Consumidores y clientes tienen que ser además depositarios de la empresa y formar parte de la cadena de decisión del negocio. Al fin y al cabo el empresario, aquél que asume los riesgos económicos, no estaría dispuesto a hacerlo de otra manera en una democracia social y participativa en la que son los ciudadanos, y no los gobiernos, quienes deciden las reglas del juego.

Pero el Capitalismo Comprometido no sólo cambia las reglas del juego para empresarios y clientes, sino también para los trabajadores. Al estrecharse los lazos entre política, sociedad y empresa tendremos más en cuenta cómo encajan nuestros principios morales con aquellos de la empresa para la que trabajamos. Y lo mismo harán los departamentos de recursos humanos a la hora de seleccionar personal. Si el empresario puede confiar en que todos sus trabajadores persiguen honestamente el mismo propósito noble, entonces les puede dar más libertad en sus funciones fomentando así la creatividad y optimizando la productividad. Empresas como Google, Nordstrom, Patagonia o Starbucks ya aplican hoy esta estrategia con buenos resultados. Las conversaciones del CEO de Google con el equipo que diseñó las nuevas gafas interactivas de la marca ilustran muy bien este fenómeno.


Estamos en una etapa de transición. Algunas empresas y la mayoría de emprendedores empiezan a formar parte, consciente o inconscientemente, de la creciente comunidad de capitalistas responsables. Si en el futuro queremos tener un currículo coherente y valioso debemos empezar ya a buscar proyectos profesionales que encajen con nuestros valores morales. No va a ser fácil y menos con los niveles de paro en los que estamos. Pero con el tiempo toda la sociedad avalará nuestro esfuerzo, así que ¿para quién trabajas?

Autor: Matías Nso colaborador de este blog y procedente de Behingthegrids

Foto titulada Très Riches Heures du Duc de Berry procedente de Commons Wikimedia

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